domingo, 21 de diciembre de 2008

Carta a nuestro compañero de TUSSAM


Ya no puedo más.

Seguramente eso pensaba nuestro compañero Juan Luis Alonso cuando decidió apretar al máximo su cinturón, ese que nos dicen que hay que ajustar cuando vienen las vacas flacas, que son siempre las nuestras. Las suyas están bien lozanas y dan leche de sobra. Hoy ha sido el colmo para mi conciencia de clase.

Se ha desbordado.

El ataque de esa otra clase bien camuflada tras las corbatas y los eslóganes de convivencia y democracia, ha lanzado sus más feroces ataques contra un colectivo de trabajadores que ha hecho lo contrario de lo que nos enseñan las doctrinas capitalistas: unirse y solidarizarse con Jose Luis.

Lo han hecho por puro instinto proletario, sin importarle las circunstancias, mandando al carajo el miedo que atenaza a la mayoría de trabajadores que hoy en día piden permiso antes de toserle al patrón.

Ese patrón, como el vicepresidente de Tussam, Guillermo Gutierrez, al que sus aliados los medios le ponen el micrófono para recoger la única versión de los hechos.

Él tira la piedra, el lanza la mentira, y fosilizada queda en las mentes del resto de los trabajadores.

El culpable, como siempre, según el veredicto del burgués, el trabajador.

Nada se dice sobre el sobreseímiento de la causa, del supuesto vandalismo del que, en realidad, es víctima del acoso, de la represión sindical, de la falta de escrúpulos de esta panda de "demócratas".

El ayuntamiento, como parte del estado, hace su buen papel cubriendo las espaldas al patrón de Tussam, reprochando a los conductores que le den un plantón de tal calibre al servicio público de transporte. Esto, seguro, le hará perder popularidad al insigne Monteseirín.

Los medios más descarados hablan de secuestro de Sevilla.

Secuestrada tienen ellos la verdad, diría yo. La esconden, la retocan, la mutilan, la descuartizan, y después se la entregan a la masa crédula.

Crédula hasta que se empiece a oír nuestra voz con fuerza.

Hasta que seamos una sola voz, un solo tejido nervioso que reaccione como un solo cuerpo a las infamias y las agresiones de esa minoría que se revuelve con tanta fuerza, como pánico tiene de que una chispa de unidad, prenda y corra como la pólvora y encienda la llama latente en todos los centros de trabajo, en las fábricas, en las oficinas, en las calles,…

Cuando la reacción de los compañeros de Jose Luis sea la de todo el coletivo obrero, cuando todas los trabajadores y trabajadora vean como una agresión propia la agresión a un compañero de clase, entonces, ya no habrá vuelta atrás.

El cinturón, se lo apretarán ellos.

Y nos quedaremos con sus vacas gordas.

 

1 comentario:

  1. He repartido unas 50 copias de la carta que redactamos en memoria de Jose Luis Alonso.
    He cometido el error de escribir Juan Luis en lugar de Jose Luis.
    Pero lo importante es que he visto el rostro, primero perplejo, y después hondo y agradecido por la muestra de solidaridad de trabajadores de otros sectores.
    Cara de sorpresa ponían cuando alguien del "mas allá", sin aparente vínculo con ellos, sin ser de su comité, o de su sindicato (por cierto, alguno se quejó de que se pelearan entre sí los sindicatos del comité), les tienda la mano de la unidad y su apoyo.
    El vínculo de clase obrera que algunos conductores han sellado espontáneamente ofreciéndo su mano por la ranura de la cabina.
    He percibido ganas de hablar, de contar la represión de la empresa:
    les ha descontado un día y medio de trabajo por el día que se ausentaron, les quieren quitar 300 euros que les dan cada 3 meses como prima de no absentismo, y otras cosas más que les ha dado tiempo a contarme.
    Un conductor me preguntó si hemos tenido contacto con el comité.
    Otro me dijo ser amigo íntimo de Jose Luis,.
    Han colocado la carta en la caseta que tienen en le Prado, encima de la foto de Jose Luis Alonso.
    He repartido también entre conductores de otras compañías, en la estación de autobuses del Prado.
    He dado la carta a dos conductores de Casal que hacen servicios de líneas de Tussam.

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